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CAPITULO SEGUNDO: Compañerismo
Renzo despertó horas más tarde encadenado en una celda, un sentimiento de impotencia se propagaba por su cuerpo al mismo tiempo que la rabia lo cegaba. La celda estaba vacía, ni siquiera un despojo de camastro, ni nada sobre lo que poder sentarse. De todas formas de nada le hubiera servido, pues las cadenas casi le obligaban a mantenerse de puntillas. Pocos minutos después se oyó revuelo, alguien se aproximaba a la puerta. Esta se abrió bruscamente y entro un fornido joven con una armadura flamante y un casco que le tapaba la cara, la armadura tenia picos y rebordes que parecían estar afilados.
Se aproximó a Renzo y dijo:- Así que tú eres el que tanto trabajo dio a mis emisarios, que extraño, no pareces gran cosa...-
Renzo se mantuvo en silencio.
-Ya no tienes esa lengua tan afilada verdad muchacho, eso prueba que no eres más que un cobarde.-
Renzo lo miró con desprecio mientras decía: - Y que clase de valiente envia a 5 emisarios a por un joven de 17 años...-
El joven le propino un puñetazo en la cara, La sangre le salpicó a los labios y se relamió. -Mmm, tu sangre no es la de un cobarde.. no...-
El joven llamo a dos soldados: - Preparadlo e inscribidlo en el escuadron de invocadores.-
-SI SEÑOR!!- exclamaron al unisono.
Horas más tarde, Renzo fue conducido hasta una habitación atestada de gente, toda ella espectante delante de una tarima. Un bullicio agobiante, y la quemazon del puñetazo aún latente en la mejilla de Renzo.
A la tarima subieron un anciano, y varios jovenes. Todo el mundo guardó un silencio sepulcral.
El anciano dio un paso al frente: -Vosotros, habeis sido reunidos aquí por una razón, 8400 aspirantes a ser algo en esta vida, a convertiros en guerreros y luchar contra el mal en estos tiempos oscuros, se os impondran 3 pruebas, en las cuales de la primera dudo que salgais vivos la mitad. De la segunda seguramente no quedareis mas de 500 y de la tercera ya se verá. Estais divididos en guerreros, magos e invocadores.-
En este momento sobre las manos de cada persona aparecio un arma. Sobre Renzo apareció una especie de báculo con una gema engarzada. -Cada arma tiene un poder único y oculto en su interior que ira creciendo a medida que vosotros madureis y os hagais mas fuertes.-
El anciano continuo hablando: - los 3 escuadrones os dividireis en tercio y os mezclareis formando grupos de tres, uno de cada especialidad.- El anciano saco una lista enorme y empezó a leerla, eran nombres y especialidades. Estaba designando un tercio de todos los presentes a los instructores, uno por tercio del total. - Jigoku no Renzo, invocador; Hayabusa Sirios, mago; Amemizu Zeros, Guerrero, al batallón de Uchiha Shinken.-
Renzo estaba en el grupo número 13 del segundo escuadrón y estaba siendo conducido junto a sus dos compañeros hacía el punto de encuentro para empezar la primera prueba. Fueron introducidos en extraños navíos parecidos a barcos, pero a diferencia de estos, se elevaban y surcaban el cielo a velocidades elevadas. Dentro del extraño navío fueron llevados a una celda, donde Renzo se sento en una esquina. Sirios se tumbó en la cama, y Zeros permanecio de pie. Eran ciertamente personas extrañas. Zeros en un amago de intento de romper el incomodo silencio dijo entre balbuceos: “Soy de Jübell”.
Sirios respondió con un irónico: “Felicidades”. Sirios era una persona gruesa y de corta estatura con una descuidada melena, pero su forma de hablar y su extraño humor denotaban una inteligencia alta, aunque sus modales dejaban mucho que desear.
Zeros era una persona alta, de complexión débil, paliduzco, una eterna pose encorvada y unos caracteristicos anteojos sucios, no obstante había un extraño brillo en sus ojos y su forma de hablar le daba un aire más vivaracho. -Tú eres del que muchos hablan- dijo refiriendose a Renzo. -Aquel que nació en el mismo infierno.- Continuó.
...- Renzo no respondió.
-Puede que solo fueran habladurías, el Vastago del Infierno designado como un simple invocador, JA! Desde luego no será para tanto.- Remato Sirios.
Renzo se levantó del suelo y se apolló en la pared mirando a Sirios a los ojos. -¿Algún problema? - preguntó Sirios manteniendo la mirada.
Renzo contestó -Sí.. tu papel como mago, no se yo, es como.. como.. como se dice eso estooooo, ah si, ya se, Te viene grande- Sirios se levanta con su cetro hecho una furia.
-Pero a tí que te pasa, anormal, crees que por que los ancianos te hayan puesto un sobrenombre eres superior a los demás o solo es chulería.- Dicho esto el suelo empieza a temblar;- Ves mira lo que puedo hacer concentrandome.- Mientras Sirios dice eso, Renzo se echa a reir; -Estaría bien si fueses tú el que lo hace, pero la triste realidad es que algo nos ha golpeado y la nave está perdiendo altura a una velocidad alarmante.- Sirios se da cuenta de que ha hecho el ridiculo y se intenta sentar indignado, las celdas se abren, los tripulantes corren por los pasillos al son de “Abandonen la nave”.
Las salidas están lejos y el casco del barco empieza a chocar con la tierra, la unica salida es abrir una brecha para salir por el casco. Zeros desenvaina su espada, intenta cortar la pared pero parece muy gruesa, Sirios la golpea con el cetro, Renzo hace lo propio, la paciencia es una virtud, recurre a al hechizo para derretir el metal con la saliva de la pared y hace que gran parte del casco se volatize. Saltan los tres al unísono, dando se cuenta de que han ido a estrellarse en el desierto. La nave cae sobre su quilla, y cae valanceandose suavemente hacia un lado. No hay que lamentar ninguna muerte a bordo, la pericia de los pilotos ha sido suficiente para salvar todo los materiales de a bordo. Recibieron mapas y material de supervivencia y se encaminaron rumbo a la primera base a pedir ayuda.
Antes de empezar el duro camino en las tiendas de campaña, el equipo tiene una conversación.
-Creo que no hemos empezado con buen pie- Dijo Sirios. -Lo que hiciste en el barco fue increible-
-Ah vale es eso... No voy a enseñarte a hacerlo si es lo que quieres- Respondió Renzo.
-No hombre solo es que ya que estamos todos en esto lo más lógico es que cooperemos, ya sabes, para evitar el pequeño problema de morirnos y tal.- Continuó Sirios irónicamente.
-Venga haz un esfuerzo, no te arrepentiras- Insistió Zeros.
-Mi nombre es Renzo. Intentaré ayudaros dentro de lo que pueda.- Extendió la mano
-Es un comienzo. Mi nombre es Sirios.- Realizó el mismo gesto.
-Yo soy Zeros, encantado de conocer una leyenda.-Los tres se dieron las manos.
Al día siguiente les espera una dura jornada así que poco después durmieron.
Al día siguiente, tras medio día de dura caminata al observar el mapa, se dieron cuenta de que para llegar al punto de encuentro tendrían que atravesar los Paramos de Hellüm. Un lugar inhospito donde la tierra quema como el fuego y el sol ruge con toda su ira, los nocivos gases del subsuelo emergen por grietas kilometricas, un lugar donde la lava sube cada cierto tiempo para recordar vuestra debilidad a las altas temperaturas. La cara de Renzo palidece por paso, sin embargo sus compañeros parecen inconscientes de a donde se dirigen.
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_________________ [align=center]~No hay mejor profesor que el Dr. Hostia~
Por mis heroes
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James Hetfield
Greg House
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